Tambaleante se desplazaba por el andèn, con ritmo pausado y un semblante casi soberbio; era el dueño de todas las miradas que pululaban en el lugar, miradas cansadas y lejanas, pero atentas a cada movimiento de aquel alto extraño de los fonos grandes y vacilantes pasos.
Era la primera vez que disfrutaba tanto esa cancion.
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